Camino, pienso y al rato me acuerdo de la consigna, me
cuesta. Huelo, el mismo olor de siempre: a nada en particular. Me concentro,
nada. Paso al sonido. Lo mismo: nada.
Camino, me prendo un cigarrillo, mentolado de uva. Ese es el
olor. Olor a cigarrillo, ni rico, ni feo, nuevo, parecido a nada. Es único. Me
trae recuerdos, sobretodo del fin de semana. Antes no fumaba, me pregunto por
qué ahora sí. No me se contestar. Me concentro en el olor, es fuerte. Agustín
va caminando al lado mío, fuma lo mismo que yo. Es más de ese olor.
¡El sonido! me acuerdo; no sé, estoy perdida entre el sonido
de los autos, la gente hablando, grupos y más grupos de jóvenes conversando, un
grupo de amigas a los gritos.
Y me encuentro, a mí misma siendo parte de esos grupos de
gente joven en Nueva Córdoba charlando y con olor a cigarrillo. Una más del
montón.