20 de Diciembre del 2015. 16 horas. Llegamos a Mar de las Pampas. Lugarcito en la costa argentina que tiene la perfecta combinación entre bosque y playa. Te da esa sensación de estar en un cuento de hadas, si te crees princesa. Sacando la parte de la playa se parece bastante al lugar, que no me acuerdo el nombre, donde vive Edward Cullen en Crepúsculo.
Llegamos a las cabañas donde nos vamos a quedar los próximos 10 días, Terra Meiga. No quiero alardear pero estamos a media cuadra de la playa. Bajamos del auto. Me duele la parte de atrás de las rodillas. 10 horas de viaje no es un chiste y menos si saliste la noche anterior y tenés dos metros de piernas. Todos estamos cansados pero decidimos cambiarnos e ir a la playa. Hace calor, pero no tanto. Esta nublado, pero no tanto. Encaramos para la playa. Para un cordobés no hay como sentir arena entre los dedos, esas cosquillitas entre suave y rasposo; lo mejor para un habitante de una provincia mediterránea, porque si, hay río pero no es lo mismo. Hay viento, mucho, demasiado, tanto que la arena que se levanta y pega sobre tu cuerpo duele como si te clavaran pequeñas agujitas. Ya no estamos TAN felices. Tratamos de poner la sombrilla, se vuela. Nos sentamos a tomar sol, en dos minutos éramos milanesas. Voy a tocar el agua, helada, como suele ser en la costa argentina. Vuelvo a la reposera. Pasan 10 minutos y nos queremos ir por decisión unánime.
Primer día de playa, un desastre.
No nos desanimamos. Buscamos un abrigo, nos subimos al auto, y vamos al centro. Decidimos merendar en La Pinocha, tienen como especialidad:tortas. Ahora si, yo feliz de la vida. Nos sentamos. La moza tiene un tatuaje de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, ya me cae bien. Todos en menos de 5 minutos habían decidido que pedir, yo; por supuesto que no. Me cuesta, me cuesta tomar decisiones. Si, hasta que merendar. Me decido al fin por un licuado de frutilla con leche y un tostado de jamón y queso. ¿Y las tortas que tan feliz te hacían? Nose. Quería algo salado. ¿Queria de verdad algo salado? ¿O pedi lo mismo que había pedido mi hermana? Nose, me cuesta. Me cuesta tomar decisiones. En fin, la merienda era tan genial y tan abundante y tan generosa y rica que tuve que subir casi a obligadas por mi inconsciente una foto a instagram.
Paseamos un rato. Mis hermanas y un local de ropa significa esperar mínimo media hora para que no les guste nada. Yo me probé una sola malla que me quedaba tan mal que supe que no la quería al instante. Ahora si que decidí, y lo hice bastante rápido. Buscamos lugares para cenar en la noche de navidad, todos cerrados o ya ocupados.
Volvemos a las cabañas. Cenamos, me baño y me voy a dormir. Y duermo, y que lindo que es dormir. Pero más lindo es dormir cuando tenés sueño. Me siento un poquito culpable porque estaba hablando vía whatsapp con el que me gusta, o creo que me gusta y de repente no le respondí más. Jaja bueno soy así. Un poquito desprolija para esas cosas.
¿Soñé? Capaz que si. No me acuerdo.
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