Piensa. Ella piensa mucho, todo el tiempo. Si no tiene la cabeza ocupada con el trabajo, o la facultad, piensa. Capaz piensa de más. Capaz piensa cosas que no debería pensar, pero igual las piensa. Y hoy se puso a pensar en lo mal que hace la gente que no ama.
¿Por qué la gente no ama? Se pregunta, y al instante se responde: porque fueron lastimados, porque no se animan, porque nunca antes amaron, porque no tienen a quien amar, porque creen que no pueden amar lo suficiente. Pero ella sabe que todas esas respuestas no son nada más que excusas, la gente no ama porque no se ama a si mismo. Y no de la forma egoísta egocéntrica que están pensando.
Ella sabe que uno para amar primero se tiene que amar. Tiene que aceptar sus virtudes y defectos. Corregir sus errores y fortalecer sus capacidades. Amarse es ser feliz con lo que cada uno es. Si una persona no puede aceptar sus propios errores, defectos, fracasos y derrotas ¿Cómo va a poder aceptar los del otro?
Ella sabe que los seres humanos somos así, imperfectos. Estamos llenos de errores. Pero parte de la vida es eso, aprender a querernos con esos defectos y querer los defectos del otro.
Y ¿por qué la gente no se ama? Porque no saben, porque no pueden ver todo lo bueno que tienen, porque no se dicen a si mismos que son perfectamente imperfectos. Porque para saber eso, para poder asimilarlo, y creerlo necesitas alguien externo a tu persona que te diga lo perfectamente imperfecto que sos. Y alguien que te ama te lo dice.
Ella saca la siguiente conclusión: para amar a otro, hay que amarse a si mismo. Pero para amarse a si mismo, alguien te tiene que amar primero.
Se baja del colectivo, al fin. Camina la media cuadra hasta su casa, y piensa: ¿Cómo es posible que la gente no quiera amar?
Ella sabe que los seres humanos somos así, imperfectos. Estamos llenos de errores. Pero parte de la vida es eso, aprender a querernos con esos defectos y querer los defectos del otro.
Y ¿por qué la gente no se ama? Porque no saben, porque no pueden ver todo lo bueno que tienen, porque no se dicen a si mismos que son perfectamente imperfectos. Porque para saber eso, para poder asimilarlo, y creerlo necesitas alguien externo a tu persona que te diga lo perfectamente imperfecto que sos. Y alguien que te ama te lo dice.
Ella saca la siguiente conclusión: para amar a otro, hay que amarse a si mismo. Pero para amarse a si mismo, alguien te tiene que amar primero.
Se baja del colectivo, al fin. Camina la media cuadra hasta su casa, y piensa: ¿Cómo es posible que la gente no quiera amar?
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